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Cómo Japón logró su despegue económico (y China no)

Este artículo explora las estrategias de desarrollo económico implementadas por Japón y China en el siglo XIX, centrándose en las razones del éxito de Japón y las dificultades encontradas por China. Examina las teorías sobre el enriquecimiento de Europa, incluyendo la explotación colonial y los avances tecnológicos, antes de profundizar en los planes específicos adoptados por cada nación. El análisis destaca la importancia de las reformas culturales e institucionales, basándose en el ejemplo japonés y estableciendo paralelismos con la influencia del protestantismo en el desarrollo económico en Europa.

El desafío chino: ¿cómo alcanzar a Occidente? ▶ 0:00

En el siglo XIX, la China imperial, antaño el centro del mundo, se enfrenta a una humillación sin precedentes por parte de las potencias occidentales. Tras las guerras del opio y el saqueo del Palacio de Verano, el imperio Qing se ve obligado a reconocer su debilidad militar y tecnológica. El emperador confía entonces a sus mandarines una misión crucial: comprender los fundamentos del poder occidental y elaborar un plan para permitir a China recuperar el terreno perdido y recuperar su posición dominante. Este desafío no es simplemente militar; se trata de comprender los mecanismos profundos que han permitido a Europa enriquecerse y desarrollarse a una velocidad vertiginosa. La tarea es inmensa, ya que implica cuestionar siglos de tradiciones y certezas. Los dirigentes chinos deben analizar las fortalezas y debilidades de su propio sistema, identificar los elementos clave del éxito occidental y diseñar una estrategia adaptada al contexto chino. La pregunta central es cómo transformar un imperio milenario en una potencia moderna capaz de rivalizar con las naciones occidentales.

Mapa de Europa con barcos de vela, simbolizando el poder marítimo occidental Mapa de Europa con barcos de vela, simbolizando el poder marítimo occidental

Salir de la trampa malthusiana: el imperativo económico ▶ 2:29

Durante milenios, las sociedades humanas han estado atrapadas en un ciclo de estancamiento económico conocido como la trampa malthusiana. Cualquier aumento de la productividad provocaba un crecimiento demográfico que anulaba las ganancias en riqueza por habitante. Thomas Malthus, en el siglo XVIII, pensaba que la humanidad nunca podría escapar de esta trampa. Para salir de ella, se necesitaría un crecimiento económico tan fuerte que superara el crecimiento demográfico durante varias generaciones, una perspectiva que entonces parecía inimaginable.

Sin embargo, en el siglo XIX, algunos países europeos lograron romper este ciclo. Experimentaron un crecimiento económico sin precedentes, aumentando considerablemente el nivel de vida de su población al tiempo que experimentaban un fuerte crecimiento demográfico. Esta transformación permitió a estas naciones adquirir un poder económico y militar considerable, permitiéndoles imponer su voluntad al resto del mundo. Para China, el objetivo no es sólo modernizar su ejército, sino encontrar la manera de salir de la trampa malthusiana y entrar en una era de crecimiento económico sostenido. Es un desafío inmenso, que hace que la cuestión militar sea secundaria. China debe identificar los factores que han permitido a Europa enriquecerse y adaptarlos a su propio contexto.

¿La explotación colonial: una explicación suficiente? ▶ 5:00

Una explicación que se suele dar para el desarrollo económico de Europa es la explotación de las colonias y el uso de mano de obra esclava. La idea es que los europeos acumularon recursos gracias a la colonización del Nuevo Mundo y al comercio triangular, recursos que luego invirtieron en ejércitos e industrias, creando así un círculo virtuoso de enriquecimiento. Esta tesis parece seductora, ya que relaciona dos aspectos destacados de la historia europea: la revolución industrial y la esclavitud. Sin embargo, un análisis más profundo revela que la realidad es más compleja. Inglaterra, por ejemplo, no era el mayor imperio colonial al comienzo de la revolución industrial. España y Portugal poseían imperios más vastos y ricos, pero su crecimiento económico era mucho más lento.

España, a pesar de sus vastas posesiones en América y sus minas de plata, experimentó un crecimiento del PIB por habitante modesto entre 1500 y 1700, e incluso se quedó atrás económicamente en el momento de la revolución industrial. Portugal, que desempeñó un papel central en el comercio de esclavos, se convirtió en uno de los países más pobres de Europa occidental. Estos ejemplos sugieren que no existe una correlación directa entre el tamaño de un imperio colonial y la prosperidad económica. Además, el mantenimiento de un imperio colonial exige gastos militares considerables, lo que puede pesar sobre la economía de un país. Si bien la explotación colonial pudo enriquecer a ciertos individuos y empresas, no necesariamente benefició a toda la población. Para China, adoptar una política imperialista sería, por tanto, arriesgado y potencialmente contraproducente. Los beneficios económicos potenciales serían limitados, mientras que los costes militares y administrativos serían elevados. China debe, por tanto, explorar otras vías para estimular su crecimiento económico.

El plan de auto-fortalecimiento chino: un enfoque tecnológico ▶ 14:07

Ante la amenaza occidental, los dirigentes chinos pusieron en marcha un plan de auto-fortalecimiento destinado a modernizar el país. Este plan se basaba en la idea de que el éxito occidental se debía al comercio internacional y a los avances tecnológicos. La prioridad absoluta era, por tanto, modernizar el ejército adoptando las tecnologías occidentales. Se contrataron ingenieros europeos para construir fábricas de armamento, se compraron armas occidentales para ser estudiadas y se enviaron estudiantes a Europa para formarse en ciencias e ingeniería. Paralelamente, el gobierno fomentó la adopción de tecnologías occidentales en la sociedad civil, como los ferrocarriles y las fábricas industriales. Se abrieron minas de carbón modernas y se importaron máquinas de vapor occidentales. Este plan se financió mediante una reforma de la fiscalidad y mediante las exportaciones de seda y té.

Un aspecto importante de este plan era la voluntad de conservar la cultura china. La filosofía confuciana y las instituciones políticas tradicionales se mantuvieron. La consigna era "el saber chino para la esencia, el saber occidental para el uso". En otras palabras, China conservaba su identidad cultural al tiempo que adoptaba las tecnologías occidentales. Este plan permitió a China realizar progresos significativos. En 1894, el país disponía de un ejército moderno, equipado con armas occidentales y buques de guerra construidos en Alemania y Gran Bretaña. Se crearon polos industriales modernos. Sin embargo, cuando China entró en conflicto con Japón en 1894, sufrió una derrota humillante. A pesar de su superioridad numérica y su equipamiento moderno, el ejército chino fue derrotado por un ejército japonés más pequeño pero mejor organizado y mejor comandado. Esta derrota reveló las limitaciones del plan de auto-fortalecimiento chino.

Gráfico que muestra la parte del consumo energético estadounidense desde 1776, ilustrando la evolución de las fuentes de energía Gráfico que muestra la parte del consumo energético estadounidense desde 1776, ilustrando la evolución de las fuentes de energía

El Japón de la era Meiji: una revolución cultural e institucional ▶ 16:41

A diferencia de China, Japón experimentó un éxito notable en su modernización. Ya en 1905, Japón logró vencer al Imperio ruso en una guerra convencional, una hazaña que asombró al mundo entero. Más importante aún, Japón ya había salido de la trampa malthusiana y experimentaba un crecimiento económico comparable al de las grandes naciones occidentales. Este éxito se debe a un plan de fortalecimiento emprendido en 1868, que transformó a Japón en una potencia internacional en el espacio de unas décadas. Lo que distingue a Japón de China es su capacidad para comprender los verdaderos mecanismos del éxito occidental. El intelectual japonés Yukichi Fukuzawa desempeñó un papel clave en esta comprensión. Durante sus viajes a Estados Unidos y Europa, Fukuzawa quedó impresionado por la importancia de la igualdad social y la responsabilidad individual. Constató que las sociedades occidentales eran más dinámicas y más prósperas porque permitían a cada uno concentrarse en la mejora de sus condiciones de vida sin verse obstaculizado por jerarquías sociales rígidas. Fukuzawa también quedó impresionado por la influencia de la religión en la sociedad occidental. Comprendió que las ideas y los valores transmitidos por la religión podían tener un impacto profundo en el comportamiento económico de los individuos. Sobre la base de estas observaciones, Fukuzawa y otros reformadores japoneses pusieron en marcha una serie de reformas radicales destinadas a transformar la cultura y las instituciones de Japón.

La primera etapa fue la destrucción de las clases sociales. El estatus de los samuráis fue abolido, y se creó un nuevo orden social basado en la competencia y la utilidad económica. La segunda etapa fue la importación de ideas occidentales, como la responsabilidad individual, la igualdad de dignidad, el razonamiento científico y el respeto del derecho. La tercera etapa fue la transformación de las instituciones y las leyes japonesas para alinearlas con los estándares occidentales. Se adoptó una constitución inspirada en la Prusia, el derecho fue reformado sobre una base alemana, la administración se inspiró en Francia, y el sistema financiero se calcó sobre los modelos belga y neerlandés. Estas reformas permitieron crear un verdadero mercado de capital y de crédito, y favorecieron la emergencia de empresas modernas a gran escala. Por último, Japón modernizó su ejército estudiando en profundidad las doctrinas militares occidentales.

Cultura y desarrollo económico: lecciones de Japón y del protestantismo ▶ 26:57

El éxito de Japón muestra que el desarrollo económico no depende sólo de la adopción de tecnologías occidentales, sino también de una transformación cultural e institucional profunda. Japón comprendió que para rivalizar con Occidente, era necesario adoptar sus ideas y sus valores, como la igualdad, la responsabilidad individual y el respeto del derecho. Esta transformación permitió liberar las energías creadoras de la población y crear un entorno favorable a la innovación y al emprendimiento. El ejemplo de Japón no es aislado. Existe una fuerte correlación entre el protestantismo y el desarrollo económico. A principios del siglo XX, los países más ricos del mundo eran bastiones históricos del protestantismo, como Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Suiza y los Países Bajos. Por el contrario, los países que resistieron la influencia del protestantismo, como España e Italia, experimentaron un estancamiento económico.

Mapa de Europa que muestra la distribución de la Reforma protestante entre 1545 y 1620 Mapa de Europa que muestra la distribución de la Reforma protestante entre 1545 y 1620

El protestantismo transmitió ideas sobre el trabajo, el ahorro, la inversión y el emprendimiento que eran particularmente compatibles con el desarrollo del capitalismo. También promovió valores como la igualdad y la responsabilidad individual, que favorecieron la innovación y el crecimiento económico. El verdadero secreto de los europeos fue, por tanto, crear, sin realmente hacerlo a propósito, una cultura que permite y que legitima el pleno ejercicio del capitalismo. Francia, por ejemplo, experimentó un desarrollo económico importante después de haber adoptado ideas e instituciones más compatibles con el capitalismo.

Conclusión: la importancia de las ideas y de la cultura ▶ 30:01

La historia de Japón y de China en el siglo XIX nos enseña que el desarrollo económico no se limita a la adopción de tecnologías o a la explotación de recursos naturales. Depende también, y quizás sobre todo, de las ideas, de los valores y de las instituciones que moldean una sociedad. Japón logró su modernización porque comprendió la importancia de transformar su cultura y sus instituciones para hacerlas más compatibles con el capitalismo. China, en cambio, fracasó porque buscó modernizar su país al tiempo que conservaba su cultura y sus instituciones tradicionales. El ejemplo del protestantismo muestra que las ideas y los valores pueden tener un impacto profundo en el desarrollo económico. Las sociedades que adoptan ideas favorables a la innovación, al emprendimiento y al crecimiento económico tienen más posibilidades de prosperar. En definitiva, el desarrollo económico es un proceso complejo que depende de numerosos factores, pero las ideas y la cultura desempeñan un papel esencial.

---\n\nEste artículo está basado en el vídeo de YouTube «Comment le Japon a réussi son décollage économique (et pas la Chine)» del canal Thinkerview.